A mi padre

2018-05-14

Ya descansa en paz mi adorado padre, ya descansa en paz ese niño de pies descalzos que corría por las calles de tierra con cepillo, trapo y betún en mano para ir a darle “bola” a los zapatos de extraños con tal de ganarse unas monedas para mantener a su madre que él tanto amaba. Ese niño que en vez de jugar con carritos, llevaba periódicos en la mano para venderlos en las esquinas.

Nunca tuvo una infancia como cualquier otro niño, él se convirtió en adulto a muy temprana edad para poder sacar adelante a su mamá.

Recuerdo una vez, cuando era más pequeña, mi papito me contó que una Navidad él estaba muy contento esperando recibir un regalo de Santa; esperó y esperó, pero nunca llegó nada, y con lágrimas en los ojos le preguntó a su mamá: “¿por qué Santa se olvidó de mí, si yo me porté muy bien?” … mis ojos se llenaron de lágrimas.

Él se esforzó mucho por sacar adelante a su familia, era el hermano pequeño, pero era el pequeño hombre de la casa. Ese deseo de ayudar a su madre fue el que lo impulsó a salir adelante, a luchar, a no darse por vencido. Y poco a poco fue avanzando en la vida.

De papelerito, pasó a ser reportero, fotógrafo de notas policiacas, después trabajó para varios periódicos locales, para luego ser director de algunos de ellos.

Incursionó en varios deportes. Fue boxeador (Bobby César, se hacía llamar), y jugó en ligas locales de beisbol allá en Navojoa.

Mi padre era un claro ejemplo de lucha, de trabajo duro y perseverancia. Siempre tan responsable, ordenado, tan puntual. Gran ejemplo de que “el que quiere, puede”.

Cuando yo tenía 4 años, siempre esperaba muy feliz la hora a la que mi papá llegaba a la casa, y junto con mi hermana Jennifer, nos hacíamos las dormidas ahí en los sillones de la sala. Cuando llegaba mi papá y entraba a la casa, decía: “Ay mis muchachitas, están dormiditas” (intentábamos no reírnos), iba hacia nosotros y nos “despertaba” con besitos, o nos levantaba en sus brazos para llevarnos a nuestro cuarto, pero despertábamos mágicamente y reíamos. Él sabía de nuestro plan, pero seguía el juego siempre.

Cómo me gustaba ponerme sus botas y él siempre me tomaba fotos. Y cómo olvidar cuando al regresar del trabajo nos pedía a mí y a mi hermana que le quitáramos las botas y los calcetines. Yo tomaba una y ella otra y hacíamos como que no podíamos quitarlas y al final caíamos hacia atrás por el “esfuerzo”.

Le gustaba mucho ver caricaturas con nosotras. Mickey Mouse, Bugs Bunny y el Pato Lucas, Tom & Jerry, Los Picapiedras, eran de sus favoritas. Por las tardes nos llevaba a degustar rica y exquisita nieve de vanilla de garrafa, y nos contaba cómo él aprendió a hacerla.

Me gustaba mucho estar con él en el jardín juntando mangos que ya habían madurado en los árboles que él plantó. Y aquellas tardes cuando nos llevaba a Obregón por un raspado y a comprar cosas que necesitábamos en la “Plaza Tutuli”. Recuerdo que estaba muy feliz cuando me compró una colcha de La Sirenita y unos rompecabezas. De ahí nos íbamos a un vivero a comprar más flores para nuestro jardín.

Siempre escuchábamos con él en el carro a Los Apsons, Enrique Guzmán y Juan Luis Guerra.

Desde pequeña mi papá me apoyaba en todos mis sueños. Yo le decía que quería ser cantante, y él con su máquina de escribir, me escribió todas las letras de las canciones de Juan Luis Guerra que me gustaban: “Señales de Humo”, “Como Abeja al Panal”, “Estrellitas y Duendes”, “Bachata Rosa”, etc . Le daba mucha risa y ternura escucharme cantar la de “Burbujas de Amor”, porque yo en mi inocencia (apenas 6 años), la cantaba con mucho sentimiento sin saber de qué trataba realmente la canción.

Cómo olvidar todos los viajes que hacíamos todos en familia. Disfrutaba mucho ir a conocer diferentes lugares con él. Nos llevó a Disneyland, a SeaWorld, Hollywood, de compras a Nogales, con el tiempo a Tucson.

Cuando yo tenía unos 8 años mi papá nos llevaba a la Macedonia todos los sábados por un raspado o un obispo, ¡le encantaban! Obispo de vainilla con nieve de vainilla era su favorito, y de ahí nos llevaba los columpios grandotes que solía haber en el parque por Catedral (Parque Hidalgo).

Todas las tardes era de regla ir a caminar. En Navojoa siempre íbamos a la Unidad Deportiva caminando desde la casa, le dábamos dos - tres vueltas y luego regresábamos a casa. En Hermosillo siempre íbamos a caminar por toda la Colosio hasta llegar al Blvd. Solidaridad, después empezamos a ir a la Milla de la Unison. Él nos decía que era muy bueno ejercitarnos, para que nuestro corazón se hiciera más fuerte. Aprovechábamos él y yo de esas caminatas vespertinas para conversar; los temas eran variados, nos gustaba platicar de todo, me contaba anécdotas de su juventud, proyectos que tenía, me daba consejos, hablábamos de la vida.

 

Cuando fundó el Semanario Nuevo Sonora, yo siempre quise apoyarlo y él en su afán de enseñarme lo que era comprarme mis cosas con mi propio esfuerzo, me dio mi primer trabajo ahí en el periódico. Empecé siendo su secretaria en las tardes, recibía llamadas, le ayudaba a pasar escritos a la computadora, le llevaba su café a la oficina, entre otras cosas. En las tardes de los fines de semana lo acompañaba en una ruta que él tenía para entregar periódicos en residencias; todos los domingos a muy temprana hora nos íbamos a trabajar juntos entregando las suscripciones a las dependencias de gobierno, comprábamos jugos, galletas, papitas, sodas, agua y escuchábamos música en el trayecto. Cómo disfrutaba de ayudar a mi papá, me gustaba pasar tiempo con él.

Después me llamó la atención escribir y él me apoyó para que yo hiciera mi primera columna periodística. Fue así como inicié con “¿Política? Yo no lo creo”, en donde expresaba mi manera de pensar sobre la vida, reflexiones, entrevistas a personajes culturales, intentaba ayudar a personas necesitadas, entre otras cosas.

Después a la entrega de periódicos se unieron mis hermanitos y ahora son ellos los que se encargan de hacerles llegar este Semanario a la comodidad de su hogar.

Quería darnos siempre todo lo que él no tuvo. Nunca nos faltó nada.

Fue un padre estricto, su deseo siempre era que fuéramos responsables, educados. Los estudios eran muy importantes, ya que él no tuvo la oportunidad de estudiar; su meta siempre fue que nosotros nos graduáramos y tuviéramos nuestras carreras profesionales.

En su momento yo no entendía por qué él era así con nosotros, pero hoy lo entiendo perfectamente… Mi padre quería que fuéramos personas independientes, capaces de valernos por nosotros mismos, autosuficientes.

Fue un padre muy amoroso, cada día nos recordaba lo mucho que nos quería y nosotros a él.

Todos los días nos mandaba mensajitos por Whatsapp con frases motivadoras, videos graciosos, así como videos con hermosos mensajes.

Me llena de paz saber que mi papá sabía cuánto lo amábamos, siempre se lo hicimos saber y sabía que era el mejor Daddy del mundo para nosotros.  Apoyándome siempre en todas mis decisiones, sacándome de apuros, alentándome a seguir mis sueños, a nunca darme por vencida.

Le estoy agradecida infinitamente por todo lo que siempre hizo por mí y por cada uno de mis hermanos, por ser el mejor padre, el mejor amigo… era un gran hombre, de esos que ya no hay.

Espero que él se haya sentido orgulloso de mi, porque yo, sin duda, estaba y estoy muy orgullosa de él.

Descanse en Paz Daddy, “Bueno pues Bye”

 

Vivirás en mis sueños como tinta indeleble, como mancha de acero…

 

 

*Quiero hacer un agradecimiento público a todas las personas que fueron a vernos a nuestra casa, a todos los que nos acompañaron a la misa en honor a mi padre, a cada uno de ustedes que mandaron mensajes o nos llamaron por teléfono… de todo corazón, muchas gracias y que Dios los bendiga siempre.