Justicia restaurativa para Sonora 

2019-08-19

Por: Jesús Salvador Guirado López

      En la historia del conflicto penal la solución es buscada siempre por medio de la venganza y el castigo. Desde el momento que un individuo es víctima de un daño, brota por impulso en él una reacción de agresión contra el ofensor. Es una necesidad primitiva que sofoca al sujeto que recibió un daño, que desea causarle otro a quien lo perjudico.

      Es paradójico que la víctima pretenda antes que nada responder agresivamente al ofensor, en lugar de buscar  primeramente la reparación del daño causado. Esta postura es reconocida como una corriente criminológica que está centrada en el delincuente, en la cual el delito es explicado porque busca la respuesta en la conducta del criminal. Desde esta perspectiva la víctima no aparece como parte esencial en el proceso delictivo. De hecho la víctima hasta ese momento no existe. Esta anulada en el proceso criminal.

      Es durante los años setenta del siglo pasado, que surge la ciencia de la victimología, donde la víctima es reconocida como una figura protagónica en el proceso delictivo. De esa manera queda integrada la triada del delito: delincuente, delito y víctima. Posteriormente desde los ochentas, los organismos internacionales, como el caso de la ONU en declaratorias posteriores, exhortaron a los países miembros a reconocer a la víctima en sus constituciones locales.

        En México, después de treinta años de abordada la temática en los tratados internacionales, en la reforma constitucional de junio del 2008, el sistema de justicia penal acusatorio reconoció finalmente a la víctima como figura fundamental en el proceso criminal. A partir de la aparición de la víctima en el escenario normativo, emerge un nuevo paradigma de justicia penal: la Justicia Restaurativa.

      Posteriormente, en el año 2015, ocurrió la promulgación de la Ley Nacional de Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias en Mecanismos en Materia Penal, en la cual se mencionan los siguientes mecanismos alternativos: Mediación, Conciliación y Junta restaurativa, donde desde la fiscalía los facilitadores certificados podrán ofrecer cualquiera de estos servicios a los ciudadanos que lo soliciten, una vez presentada una querella o denuncia por los delitos que corresponda. También el Poder Judicial del Estado podrá otorgarlos igualmente  por los ilícitos que procedan en el tiempo y forma que la ley dispone.

        Asimismo, la justicia restaurativa tiene un capítulo respectivo en la Ley Nacional de Justicia para Adolescentes y en la Ley Nacional de Ejecución Penal. 

       La Justicia Restaurativa, según Howard Zehr, es un proceso dirigido a involucrar dentro de lo posible, a todos los que tengan un interés en una ofensa particular, e identificar y atender colectivamente los daños, necesidades y obligaciones, derivadas de dicha ofensa, con el propósito de sanar y enmendar los daños de la mejor manera posible.

         Desde este nuevo paradigma, si una persona es víctima de otra, aun cuando el hecho constituya o no un delito, lo más importante es que el responsable repare a la víctima el daño causado. El proceso logra a través de una metodología, que la misma reconozca sus necesidades, mismas que solo el ofensor pueda solventar y valore las posibilidades de tener un encuentro con el mismo para pedirle aclaraciones sobre el hecho ocurrido y reclamarle la reparación del daño. 

     Este proceso pretende el ofensor asuma su responsabilidad en los hechos, y tenga la voluntad para reparar el daño a la víctima. También podrá pedir perdón a la misma, en un encuentro que podrá tener con ella. Con base en este paradigma, reprimir o castigar al ofensor no es lo único importante. Sin embargo, si lo es el establecimiento de un compromiso concreto de reinserción social de parte del ofensor.

       El encuentro restaurativo tiene como antecedente un periodo de preparación que deberá efectuar el facilitador a través de reuniones privadas con la víctima y el ofensor por separado.    

       La justicia restaurativa es posible en la materia penal, escolar, familiar, comunitaria, laboral, etc. En todo proceso relacional en donde pueda causarse un daño de una persona a otra, puede haber justicia restaurativa.  Es una filosofía de vida.

     Ahora bien, desde el ámbito de la justicia restaurativa comunitaria, para iniciar con un proceso de pacificación ciudadana, es indispensable la creación de programas restaurativos en las células ciudadanas como barrios, colonias, privadas y residenciales, organizando a los vecinos a través de asambleas restaurativas, dirigidas por vecinos facilitadores para tratar las diferencias de la comunidad de vecinos. 

      La asamblea restaurativa debe convertirse en una plataforma de los vecinos, quienes deberán aprender a tratar sus diferencias en forma organizada dirigidos por un facilitador que aplique una metodología para atender el conflicto desde una óptica restaurativa. Uno de los principios de la justicia restaurativa es la inclusión. Por ello, pueden participar de la asamblea restaurativa, todos los que tengan interés en la ofensa particular, lo cual permite que en un encuentro vecinal puedan estar presentes además de los vecinos, consejeros vecinales, líderes de organizaciones civiles, funcionarios del Ayuntamiento y todos quienes tengan la voluntad de colaborar en la construcción de una solución conveniente a los intereses de los vecinos involucrados y que promuevan la armonía entre la comunidad.

           Por tanto, en la medida que cada célula ciudadana logre a través de las asambleas restaurativas resolver parte de  su conflictiva vecinal, ello contribuirá de manera importante al proceso de pacificación que necesita Hermosillo, Sonora y México.