Una postal desde Nepal: Apuntes sobre el Budismo

2018-04-09

Probablemente un motivo que influyó en gran medida en mi decisión por visitar Nepal, fue la inquietud por conocer y presenciar los usos sociales de uno de los países más budistas del mundo, proviniendo precisamente de uno de los países con mayor índice de catolicismo en el globo (El 80 % de la población en México es católica) el shock cultural sonaba sumamente interesante y quienes me conocen, saben que una de mis grandes pasiones son las religiones (a pesar de no profesar ninguna).

 

Pero primero que nada, hay que irnos empapando de información sobre la esencia de la doctrina del Buda y no del budismo como religión, pues este tiene muchas ramificaciones y variaciones, tal y como el cristianismo se expande a través de: catolicismo, ortodoxos, protestantes, luteranos, mormones, adventistas, etcétera.

 

En Myanmar pude ver ritos y tradiciones de una de las versiones más “puras” del budismo actual (Theravada) y en Nepal el tibetano, ambas presentan tintes de otras religiones como hinduistas, taotistas o naturistas chinas, pero básicamente se encuentra intacta la esencia de las enseñanzas de Siddhartha Gautama.

Entonces, hay que responder antes que todo, ciertas preguntas básicas para entender el pensamiento de su maestro: ¿Creen los budistas en algún Dios creador? No, la figura central del budismo, Siddharta Gautama, nunca niega ni afirma que el universo haya sido creado por una deidad o entidad suprema, y las preguntas sobre el origen del cosmos no tienen valor alguno, pues están fuera de los límites de la capacidad biológica del entendimiento y razonamiento del hombre.

 

El budismo se basa en principios filosóficos de autoconocimiento, para evitar el sufrimiento y alcanzar la iluminación (Nirvana). Es decir, no se promete la felicidad en otra vida, si no alcanzar la felicidad en esta vida a través de un punto medio entre el hedonismo (placer inmediato) y el ascetismo (austeridad y renuncia a los bienes).

 

Siddharta Gautama, llamado el Buda, es decir, el “iluminado” o “despierto” es venerado por cientos de millones de personas y junto a Cristo, es la figura con mayor representaciones a lo largo y ancho del globo. A diferencia de la imagen triste y dolorosa en la que se representa a Jesús en la cruz, el semblante de Gautama irradia serenidad, quietud, seguridad y paz.

 

La pronunciación de su cabeza (ushnisha) representa el punto -según la concepción India- por el que entra y sale el alma, y con el paso del tiempo, se ha convertido en un símbolo de la iluminación.

 

El tercer ojo (urna) en medio de la frente es un simbolismo del conocimiento espiritual, al igual que los lóbulos alargados por sus aretes, los cuales representan su pasado como acaudalado heredero a un trono y la sabiduría obtenida a lo largo de su vida con el ascetismo.

 

Las Cuatro Nobles Verdades de la Doctrina del Buda

 

Gautama, nació en cuna de oro más de 500 años A.C. en Lumbini, Nepal. Era heredero de un acaudalado príncipe, desde muy joven tuvo una buena educación, contando con los mejores maestros que un muchacho podía tener en esa era, además gozaba de una gran capacidad intelectual.

 

Casado a edad temprana, según los relatos, con el paso de los años se dio cuenta de todo el sufrimiento que hay en el mundo, al que todos estamos expuestos: Todos los hombres enferman, todos los hombres envejecen, todos los hombres tienen que morir. Los tres signos de la caducidad del cuerpo.

 

Así mismo, el problema fundamental de toda la existencia humana: en la vida nada es estable, todo depende de otra cosa, todo es mudable y pasajero. El dinero, los amigos, la familia, en algún momento, todos vamos a separarnos, la vida tiene un fin. Nada ni nadie es eterno.

 

Tras nacer su primer hijo, Siddartha anuncia a su esposa que abandonará su vida actual, renunciando al poder, a su herencia e incluso a su patria Sakya y a los 29 años emprende un viaje de ascetismo, con la firme idea de que solo desterrándose de su mundo podría encontrar la calma necesaria para responder las preguntas que le liberaran del sufrimiento.

 

En solitario, se ejercita en practicas respiratorias, ayunos, abstinencias que incluso llegaron  poner en riesgo su vida, pero sin obtener resultados favorables, abandonando al cabo de 6 años esa vida de privaciones, aprendiendo que incluso el ascetismo extremista puede llegar a ser nocivo.

 

Tras esto, se retira a un río y practica la meditación, allí se repone y procede a sumirse en una honda etapa de locución interna bajo un árbol, alcanza la anhelada iluminación, de esta manera, Siddharta obtiene las respuestas a las nobles verdades y dedica su vida a predicar sus conocimientos.

 

Las Cuatro Nobles Verdades en las que se basa la doctrina del Buda:

 

1.- ¿Qué es el sufrimiento? La vida misma es sufrimiento, no en el sentido de dolor, una mejor representación sería la inconformidad. Envejecer, enfermar, la búsqueda enfermiza de riquezas, la cosificación de las personas para satisfacer las necesidades del “YO” como centro del universo.

 

2.- ¿Cómo surge el sufrimiento? Por la desesperación, la inconformidad, aferrarse los bienes materiales y a personas, dejarse dominar por emociones negativas, el odio y la ignorancia.

 

3.- ¿Cómo superar ese sufrimiento? Renunciando al deseo. Al alcanzar la felicidad, plenitud y paz mental y “espiritual” (Nirvana) ponemos fin a todo ciclo de reincorporación a la vida (Karma).

 

4.- ¿Por qué camino alcanzamos esto? Un camino de termino medio, no ansiar por placeres ni automortificarse por la caducidad de la vida humana. En la praxis sería: conocimiento y forma de pensar correcta: sabiduría (panna); Palabras, obras y vida correcta: moral y ética(sila); Esfuerzo y vigilancia correcta (sati); concentración correcta (samadhi).

 

Gautama dio poca importancia a los templos, rituales y festividades sacras, así como el culto a dioses y espíritus, con la firme idea que había cosas de mayor importancia.

 

“Quien ha sido alcanzado por una flecha envenenada lo primero que ha de hacer no es preguntar quién la ha disparado sino buscar inmediatamente un buen médico que le cure la herida”.

 

En el campo de las Gacelas de Sarnath, a las puertas de Varanasi, el Buda se encuentra con cinco ascetas itinerantes que antes lo habían abandonado pero que ahora se convierten en sus primeros seguidores.

 

Primero cinco, tras poco tiempo 500, en los siglos posteriores la cantidad fue multiplicándose exponencialmente en Sarnath, lo que lo convierte en uno de los lugares más representativos e importantes del budismo, porque ahí fue donde puso el Buda el pilar de la doctrina del Dharma.

 

El Buda continúa su vida peregrinando y enseñado con sus monjes por 45 años más por las regiones de Bihar y Uttar Pradesh, muriendo a los 80 años a causa de una intoxicación alimentaria en Nepal.

 

Parecidos de Gautama Con Jesucristo

 

Nota: abordaré una perspectiva basada en las leyendas y hechos históricos tanto de sus personas como de sus doctrinas, y no en un enfoque teológico de las religiones budistas o cristianas.

 

Es inevitable tras haber estudiado sobre el cristianismo en matería de eclesiología, el hacer una comparación de la vida de estas dos grandes figuras que definieron en su momento un antes y un después en la historia de la humanidad: ambos fueron tentados por la codicia y el poder, se oponían a la tradición religiosa de la época, pues consideraban que los sacerdotes y escribas estaban distantes de la comunidad, además de no ser del todo sensibles y acumulaban grandes riquezas. Un tanto irónico.

 

Los dos parten de un carácter e idea transitoria y perecedero del mundo: la inconsistencia de los bienes materiales, el estado caótico e irredento del humano débil en busca de respuestas o su felicidad, de la ignorancia, ceguera, falta de amor y sensibilidad con el prójimo.

 

Siddharta y Jesús, piden un cambio en el pensar de la época (Dharma y Evangelio respectivamente) una transformación en la forma de vivir y hacer. Ninguno pretendió explicar las causas, el origen y el rumbo del universo, tampoco buscaron implementar un orden estatal o jurídico.

 

Ambos predican una manera para ser libres del egoísmo, del individualismo y de la ceguera que este produce. Un tipo de liberación no alcanzable a través de especulaciones teóricas, magia o misticismos, sino mediante la experiencia religiosa solo posible a través de un cambio interior, un camino de la salvación práctica con el hacer.

 

En vida, tanto Cristo como Buda hubieran negado rotundamente la divinización de su persona y en cambio, encaminarían a sus seguidores hacia su doctrina.