EL PODER DEL PERDON EN LA RECONCILIACION 

2020-03-11



       La única cosa que puedo hacer es pedir tu perdón y dejarte saber que si hay cualquier enmienda o manera de reparar algo a ti individualmente, por favor dime. “Anónimo”.


                   Por: Jesus Salvador Guirado López 


       El perdón es una habilidad ineludible a desarrollar por el ser humano en cualquier proceso de pacificación. Es la única posibilidad de reecontrarnos con el otro en la reconciliación y la única vía de acceso a la paz.  Por ello es urgente que nuestra cultura adquiera el perdón como un lazo de unidad social.            

       El perdón es la forma más alta de amor dice el poeta, porque es el amor que se mantiene así mismo en el frente del rechazo y la lesión, es decir, en el frente de un enemigo. El hacerlo no cambia el pasado o las cosas malas que han ocurrido, pero si cambia el presente y puede cambiar el futuro. 

      La investigación científica sustenta que el perdón transforma a la gente, mental, emocional, espiritual e incluso físicamente. Perdonar es sanar. Reduce la depresión; aumenta el optimismo y disminuye la cólera.  Las personas que no saben manejar este sentimiento tienen más posibilidad de padecer enfermedades.

      Perdonar es una decisión. Necesitamos tener la voluntad de hacerlo. A veces hace falta pedir perdón. Otras concederlo. Pero nadie nos obliga a perdonar y nadie está obligado a perdonarnos. El perdón es un regalo que hacemos. Y quien regala un verdadero perdón, se suelta al instante del yugo de quien le hizo daño.                         

      “El olvido es la única venganza y el único perdón” dice Jorge Luis Borges. ¿Será verdad?. Si la venganza es un sentimiento destructivo fruto de nuestras debilidades internas, el perdón es fortaleza interna y principios sólidos. Sin embargo, olvidar no significa evitar que se paguen consecuencias por actos cometidos. Es más bien, un olvido del hecho como algo que lastima y duele en el alma.  

       Lo primero es perdonarte a ti mismo. Es un acto de gran valentía reconocer antes nuestras debilidades para pedir después a los demás que reconozcan las suyas. Es un encuentro profundo con nosotros mismos. Entonces estaremos listos para perdonar a otros. Para regalar ese maravilloso sentimiento. ¿Cuántas veces debemos perdonar? le preguntaron a Jesús, quien respondió: setenta veces siete. En el sentido de que no hay fin a la necesidad de perdonar. Tampoco límite para pedirlo. 

        ¿Sabías que cuando pides perdón restauras la dignidad atropellada de la persona a quien lastimaste? Asumes la responsabilidad que te corresponde en la generación del daño. Por pequeña que esta sea. Luego haces la reparación sanando la herida. Este es un acto en una dimensión divina. 

       Pero no debe pedirse perdón sin sentirlo porque las palabras huecas destrozan el alma. Y si no lo recibes, ello no detendrá tu crecimiento como ser humano en busca de la paz. Haz abierto las puerta a la reconciliación y a la paz. Si pides perdón, das vida al prójimo y tu corazón renace.

      Para los cristianos, Jesucristo es el modelo del perdón y la reconciliación. El perdonó a sus traidores y predicó que siempre había que perdonar a los enemigos. Reconoció que ellos lo necesitaban más que nadie. Para ello Jesús expuso sus cicatrices después de la resurrección como su verdad. 

     La verdad salva. Porque si queremos un perdón debemos llegar a las heridas del otro para poder reconciliarnos profundamente. El sacerdote capuchino Ignacio Larrañaga dice que necesitamos aprender a reconciliarnos incluso con el dolor propio y los momentos difíciles de la vida sin resistirnos. Es importante -insistió- identificar las cosas que tienen solución para luchar por lograrla. Pero también las cosas que no la tienen, para dejar de resistirnos ante lo inevitable y reconocerlas como voluntad de Dios. Es una reconciliación ante las inclemencias que trae la vida. 

       El perdón también es la única puerta a la reconciliación con los otros. Es necesario para que una sociedad pueda vivir en paz. Pero es genuino solo cuando existe un verdadero arrepentimiento por la herida causada. El perdón genuino es uno de los mas grandes aprendizajes de la vida y el que mayor recompensas nos genera. La paz, libertad, amor, armonía, confianza, son inherentes al alma, que lejos de enjuiciar, perdona y trasciende cualquier condición. 

        La teología Ubuntu en Africa reconoce la humanidad de una persona en su relación con las otras. Este pensamiento milenario cree en un modelo de perdón en el que la dignidad y la identidad humana se extraen de la imagen de Dios de la Santísima Trinidad. El obispo anglicano Desmond Tutu dice: “ los seres humanos están llamados a ser personas pues son creados a imagen de Dios porque  pueden perdonar”.