Para la pacificación del país, ¿el fin de los abrazos y no balazos?

2020-05-25

El Diario Oficial de la federación publicó el pasado lunes que la 4T dispondrá ahora de la Fuerza Armada permanente para llevar a cabo tareas de seguridad pública de manera extraordinaria, regulada, fiscalizada, subordinada y complementaria.

 

El mismo Presidente Andrés Manuel López Obrador al darlo a conocer, daba a entender implícitamente algo más que evidente: el gran fracaso que supone la Guardia Nacional y la actual estrategia -si es que la hay- para combatir la inseguridad.

 

Si bien, una de las principales críticas de AMLO hacia sus predecesores, concretamente Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto fue el uso del Ejército y la Marina en tareas de seguridad, principalmente en la guerra contra el narcotráfico y que uno de sus compromisos de campaña fue sacarlos de la calle y regresarlos cuanto antes a sus cuarteles, una cruda realidad lo obligó a entender que era imposible prescindir, por lo pronto, de las fuerzas armadas.

 

La estrategia de abrazos, no balazos no le ha funcionado, pero peor aún, tampoco parece haber una plan o un rumbo en materia de seguridad para reducir los índices a la alza de actos violentos y homicidios.

 

La autoridad día con día se ve rebasada por el crimen. Alfonso Durazo, el sonorense al mando de Seguridad Pública no ha obtenido resultados favorables ni siquiera en su estado.

 

Las ejecuciones en Cajeme siguen siendo la noticia principal todos los días, Guaymas y Empalme parecen zona de guerra y ahora le sumamos los lamentables hechos de Magdalena de Kino con choques de fuerzas armadas del narco que vuelven a poner a Sonora en la primera plana de los medios nacionales pero no precisamente en el buen sentido.

 

Eso dejando de lado el caso de la familia Le Barón o incluso el “Culiacanazo” en nuestro estado vecino que han tema controversial incluso a nivel internacional.

 

De cualquier manera, la violenta actuación de la delincuencia impide al gobierno prescindir de las fuerzas armadas por ahora. La Guardia Nacional parece desmoronarse sin estar siquiera consolidada y al país le urge un cambio de rumbo a la actual estrategia de seguridad que no ha dado resultados.