Cerros S.A. de C.V.

2019-12-09

Hace unas semanas, una mujer y una familia fueron rescatados por bomberos voluntarios de la cima del cerro Tetakawi porque no encontraron la manera de bajar mientras realizaban senderismo sin el apoyo de guías o realmente alguna noción de la ruta que debían seguir y los lugares a evitar.


Van varios meses que se le ha advertido a turistas inexpertos en hiking que es requisito orientarse con guías especialistas para practicar la actividad específicamente en ese cerro, inclusive Luis Núñez Noriega, Coordinador General de la Comisión de Fomento al Turismo del Estado de Sonora, había hecho una declaración al respecto.


El cerro Tetakawi es sin duda el símbolo emblemático de San Carlos. Sus doscientos metros de altura despiertan la curiosidad de turistas aventureros que ven en él un reto físico y a su vez el mejor espacio que pueden encontrar para ver la tanto la costa, Baja California y las llanuras del este. Por casos como el que acabo de describir, los “dueños” quieren cerrar su acceso.


Es cierto que los últimos años han ocurrido accidentes y algunos de ellos fatales. La mayoría son golpes de calor por falta de vestimenta adecuada y desconocimiento del clima. Pero la subida es relativamente sencilla, incluso para inexpertos, mientras se tomen las precauciones básicas necesarias: no salirte del camino trazado y no intentar subir a lo alto de las crestas o puntos evidentemente peligrosos.


Tu vida vale más que cualquier selfie o foto de aventura. Igual puedes encontrar buenas composiciones en lugares seguros.


Cerrar el acceso al cerro, lejos de ser una buena opción, sería la peor alternativa tomando en cuenta que la principal actividad económica de San Carlos depende del turismo. 


Y hasta cierto punto lo más preocupante de esto es que haya un grupo particular que diga propietario de la totalidad de un ícono simbólico y patrimonio sonorense e incluso de algunas de sus playas.


No es algo nuevo que un conglomerado llamado Grupo Empresarial Caballero, se han presentado como los propietarios del cerro y han solicitado al comisario de San Carlos su apoyo para restringir el paso a los turistas que no llevaran guías certificados en varias ocasiones. Es decir, un grupo de particulares ordenando en cuestiones de interés público.


Siempre se va agradecer la buena voluntad de velar por la seguridad de los visitantes porque es cierto, ha habido casos de gente muy descuidada que pone en riesgo su vida, pero quien vaya al cerro debe estar consciente de un inicio a que se está enfrentando. 


En ese tenor, cerrar el acceso al cerro además de restarle una opción turística a la playa, alentaría a realizar ascensos en clandestinidad, más que prohibir hace falta orientar, brindar una atención adecuada para gente y señalamientos que generen impacto alertando sobre riesgos verdaderos. 


Playas S.A. de C.V.


Así mismo, San Carlos (también muchísimas otras playas de México) padecen de un gran problema de empresarios y desarrolladores turísticos con una visión muy corta de las fortalezas y bondades que podrían aprovecharse para atraer mayor número de turistas al limitar espacios como playas con la consigna de que son privadas.


Por un lado está la idea de que se hace con el fin de evitar accidentes o de preservar limpio el lugar, porque es cierto que el turismo y la afluencia de gente traen consigo contaminación.


Desde el 2013 una reja vigilada con una caseta con la leyenda propiedad privada se colocó en una de las entradas a playa Algodones, con lo que se restringe el paso a los visitantes. 


Grupo Caballero, la misma poderosa compañía inmobiliaria de bienes raíces dice ser la propietaria de esta y otras playas de los alrededores, aun cuando según La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, por ley las playas mexicanas son zonas federales que no pueden ser restringidas para el público en general, sean nacionales o extranjeros, locales o turistas.


La única manera de acceder a las aguas es a través de un bar o un hotel; el primero te exige consumo, el segundo te exige hospedaje y el mercado al que va dirigido no es precisamente uno barato. Entonces el turista se ve obligado a la clandestinidad de entrar a escondidas a un espacio natural a disfrutar del sol y la arena.


La Profepa tiene entre sus cláusulas que su meta es garantizar el acceso a las playas mexicanas al prohibir que hoteleros y particulares acordonen o delimiten indebidamente los espacios naturales y no sé qué tan apegado al marco de la ley sea el apoderarse de un cerro de doscientos metros -que además representa un patrimonio de San Carlos y de Sonora- y de alguna de sus playas en la costa.